Bajo Jagua: Resiliencia y esperanza en la ruralidad de Tumaco

La comunidad de Bajo Jagua, ubicada en la zona rural del municipio de San Andrés de Tumaco, Nariño, está rodeada por exuberantes bosques y asentada a orillas del río Mira. Para llegar, es necesario recorrer una combinación de vías y carreteras destapadas, atravesando paisajes que reflejan la riqueza natural de la región. 

En esta vereda, habitada principalmente por familias afrodescendientes, viven 88 familias. Predominan las personas adultas mayores, ya que la juventud migró en busca de nuevas oportunidades. Cada tarde, al culminar sus labores diarias, la comunidad suele reunirse bajo un gran almendro a orillas del río, para compartir historias, desafíos y sueños, fortaleciendo sus lazos comunitarios. 

El impacto del conflicto armado 

Bajo Jagua fue una de las tantas comunidades afectadas por la violencia. En 2016, los enfrentamientos armados provocaron el desplazamiento masivo de más de 220 personas hacia Tumaco, alterando profundamente sus dinámicas sociales, económicas y culturales. 

Al estar ubicada en la costa nariñense, esta región tiene una ubicación estratégica: permite la salida directa al océano Pacífico y mantiene flujos fronterizos con Ecuador. Por estas razones, es históricamente disputada por grupos armados ilegales, interesados en controlar los territorios colectivos y las rutas de tránsito. 

En 2022, Tumaco experimentó un aumento considerable en las acciones del conflicto armado, convirtiéndose en una zona de alto riesgo. Según la Red Nacional de Información de la Unidad para las Víctimas, desde 1985 hasta agosto de 2023, San Andrés de Tumaco registró más de 199 mil víctimas del conflicto armado. 

Nace ASOPESCONA: Organización para el progreso y la esperanza 

En este contexto de múltiples vulneraciones, surgió ASOPESCONA —la Asociación de Pescadores, Concheros y Agricultores de Bajo Mira y Frontera— como una apuesta local para fortalecer la pesca artesanal, promover el liderazgo comunitario, e impulsar un medio de vida sostenible para la comunidad.  

Heartland Alliance International acompañó la consolidación de esta asociación, que buscó mejorar los medios de vida de la población mediante capacitaciones, dotaciones y acompañamiento técnico. Se promovieron técnicas de pesca sostenible, se entregaron herramientas y se fortaleció la vocación histórica de la comunidad como protectora de los ríos y los recursos naturales. 

Preparación para el riesgo y cohesión comunitaria 

Frente a la constante amenaza del conflicto armado y de emergencias naturales, la comunidad diseñó colectivamente un Plan Comunitario de Preparación y Mitigación de Riesgos. A través de este proceso, se realizaron talleres sobre salud mental, primeros auxilios físicos y emocionales, derechos de las víctimas y prevención de violencias hacia mujeres y niñas. 

Además, se mejoró el salón comunal y se entregaron kits de hábitat, mosquiteros, instalaciones sanitarias y utensilios de cocina, contribuyendo a mejorar las condiciones de vida y la capacidad de respuesta ante emergencias. 

Igualmente, se consideró con especial interés la participación y liderazgo de la comunidad con la creación del Consejo Comunitario de Asesoramiento y Rendición de Cuentas (CAAC) y del Consejo Juvenil (JAAC). Estos espacios permitieron a personas adultas y jóvenes asesorar, retroalimentar y garantizar la transparencia de las acciones implementadas, fortaleciendo la confianza entre la comunidad y sus aliados, y asegurando que cada intervención respondiera a sus necesidades reales. 

Un futuro posible 

El trabajo conjunto en Bajo Jagua evidenció el poder de la organización comunitaria y la resiliencia colectiva. A través de procesos participativos y enfoque centrado en las personas, la comunidad logró recuperar la esperanza, reconstruir parte de su economía local, fortalecer su identidad cultural y abrir nuevas oportunidades para las futuras generaciones. 

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